Mientras hacía garabatos en mi vieja libreta, me encontré dibujando un pequeño caracol (nunca había hecho uno antes). Comencé a jugar con su forma y terminé creando una mezcla entre un caracol y una mano. Me hizo sentir algo bonito, una conexión con esa sensación que da crear a mano… Es un proceso lento, que toma tiempo, pero cuando se confía en él, aparece una maravillosa sensación de seguridad en medio de lo caótico que puede parecer el proceso creativo. Al final, se me ocurrió usarlo como la tapa de un sketchbook, y este fue el resultado. 




Back to Top